La República Bananera de España

Cito de la disposición adicional segunda de dicho Real Decreto: "Los controladores al servicio de la entidad pública empresarial AENA, así como al servicio del resto de proveedores de servicio de tránsito aéreo, deberán ajustar su tiempo de actividad...la actividad aeronáutica anual no excederá de 1.670 horas...En el cómputo de este límite anual de actividad aeronáutica no se tendrán en cuenta otras actividades laborales de carácter no aeronáutico, tales como imaginarias y periodos de formación no computables como actividad aeronáutica, permisos sindicales, licencias y ausencias por incapacidad laboral."
Sin pararnos en todos los puntos, que tienen materia de debate, centrémonos en el último: "incapacidad laboral". El artículo 128 de la Ley General de la Seguridad Social la define como "Las debidas a enfermedad común o profesional y a accidente, sea o no de trabajo, mientras el trabajador reciba asistencia sanitaria de la Seguridad Social y esté impedido para el trabajo." Cada cual que saque sus conclusiones, pero que no se extrañen si en 2011 hay controladores que vayan a trabajar con 40ºC de fiebre o sedados tras un accidente. Por suerte es algo carente de importancia dada la labor no cualificada que desempeñan.

 

Estamos ante un colectivo al que se ha demonizado ante la opinión pública y privado de derechos fundamentales como la planificación de sus vacaciones o el derecho a descansar un día y medio a la semana, forzándoles a trabajar 29 días en un mismo mes para tapar el déficit de controladores que acarrea la empresa desde hace años. Déficit que tiene su origen en la futura privatización de la empresa, que quiere reducir a la mínima expresión el número de empleados públicos antes de repartir entre amigotes el enorme pastel de la última gran empresa pública. Por ello es hasta cierto punto comprensible la reacción espontánea que sucedió cuando el colectivo de controladores tuvo conocimiento de que habían perdido el derecho a estar de baja laboral.

 

Lo mas triste es que las medidas impuestas a base de Real Decreto son tan maquiavélicas que la población se cree que las quejas de los controladores son un cuento chino, cuando los Reales Decretos están a disposición de cualquier ciudadano en el BOE.